
A siniestra de aquel día, nos aventuramos en el mundo de la vida urbana de Santiago, prefiero llamarlo como fantástico, entre castillos y reinados. Fuiste princesa no en las mejores condiciones de tu reinado, y al cabo de esa noche terminaste siendo reina, con solo un súbdito a tus pies y disposición, cumpliendo tus deseos.
Nos sumergimos en la espuma de amor y vida que nos rodeaba, nos buscamos y encontramos envueltos de incontables sentimientos y sensaciones, intentando aprovechar cada segundo de aquella inversión, aprovechar nuestro reinado que en horas nos perderíamos nuevamente. Al repartir nuestro oro de aquella noche, solo te tenía a ti y solo me tenías a mí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario